4 salmos de vida de F. Ulibarri con motivo de la apertura del Centro de El Círculo de armonización del espacio, por intencionar la energía del lugar, por degustar bocadillos sanos y llenarse de Luz.
Jueves 31 de marzo 2011
¡Felicidades!
EN MOMENTOS COMO ÉSTE
Sabes quién soy.
Sabes cómo he venido.
Sabes cómo estoy.
Conoces mis ansias y anhelos,
mis dificultades y miedos, mis proyectos…
Conoces mis entrañas,
el ritmo de mis glándulas
y todos los botones de mi cuerpo…
En momentos como éste, si te place,
dame unos minutos de silencio,
una música que me calle y serene,
un banquito para sentarme como Tú sabes,
y la paz imprescindible…
Ata mis demonios comunes,
tiéndeme cariñosamente tu mano,
déjame acurrucarme en tu regazo,
sopla tu brisa
para que no me duerma,
y dime tu palabra de Padre/Madre
para que viva, crezca y madure.
Ábrete, Señor,
y ábreme.
REPARAR FUERZAS
Vengan a un sitio tranquilo;
a un lugar apartado del bullicio agobiante
que nos acompaña día y noche;
a un lugar retirado de sus negocios,
de sus falsas necesidades;
a un lugar apropiado para encontrarse
con Dios, entre ustedes y con ustedes mismos.
Vengan a un sitio adecuado
para reparar fuerzas.
Y descansen un poco.
Detengan su ritmo alocado.
Hagan un alto en el camino.
Sosiéguense de tanto ajetreo.
Que se calmen sus nervios.
Que se serene su espíritu.
Dejen la mochila a un lado,
quítense las sandalias
y lávense el cuerpo entero
para reparar fuerzas.
Los que están rendidos y agobiados,
los que viven bajo el yugo de las responsabilidades,
los que soportan el peso de los compromisos y de las obligaciones ineludibles,
los que caminan con los ojos tristes y la espalda doblada,
los que ya sólo divisan niebla en el horizonte,
los que no saben vivir sin cargas y cruces, echen el freno y bájense
para reparar fuerzas.
Yo les aliviaré. Les sanaré la mente.
Tonificaré su corazón. Curaré sus heridas.
Vigorizaré su cuerpo. Calmaré tu ansiedad.
Les quitaré las pesadillas… Estaré con ustedes en todo momento.
Tómense un respiro conmigo
para reparar fuerzas.
Vengan conmigo, amigos, amigas, gocen este momento y lugar.
Gusten todo lo suyo –que es de ustedes-:
las verdes praderas, las aguas frescas, los árboles frondosos, el horizonte abierto…
Descansen sin prisas y sin miedo.
Carguen las pilas hasta rebosar y escuchen mi buena nueva…
para reparar fuerzas.
ACEPTO
Señor, en este amanecer,
yo acepto tu proyecto de amor sobre todo lo creado.
Acepto, con ilusión y alegría,
tu proyecto de amor sobre mi,
aunque tenga que descubrirlo cada día.
Acepto vivir en esta tierra,
sin rendirme, realizando tu proyecto
de un modo consciente y responsable.
Acepto continuar tu obra,
cuidar del universo, protegerlo y respetarlo,
como casa solariega de encuentro y gozo.
Acepto seguir tus huellas, proseguir tu causa,
aunque esté fatigada y agobiada,
pues sólo en Ti hallo paz y descanso.
Se que cada paso hacia Ti
me llevará más allá de los confines
de la pobreza y del egoísmo que anidan en mi.
¡Que no añore lo dejado!
¡Que goce lo que hoy me das!
¡Que acoja lo nuevo como tu mejor regalo!
BENDICE, SEÑOR, TODO LO QUE SOY Y TENGO
Bendice, Señor, mis manos para que sepan tocar sin herir,
tomar sin aprisionar, dar sin calcular, acariciar sin poseer
y tengan fuerza para consolar y sostener.
Bendice, Señor, mis ojos para que sepan ver la necesidad
y no ignoren lo que es poco vistoso, lo que tanto se intenta esconder;
para que sepan ver más allá de las apariencias
y todos se sientan bien vistos y a gusto cuando los miro.
Bendice, Señor, mis oídos para que capten el estruendo y el rumor de tu voz
en las ondas de la creación y la historia;
para que sean sordos a los parloteos inútiles,
pero no a las voces que claman angustiadas,
aunque turben mi comodidad a cualquier hora.
Bendice, Señor, mi boca para que dé testimonio de Ti con ganas
y de tu buena noticia con palabras acertadas;
para que nunca diga nada que hiera o destruya,
ni traicione confidencias y secretos,
sino que haga esbozar sonrisas y carcajadas.
Bendice, Señor, mi nariz y su olfato
para que sepa distinguir olores y esencias y busque los buenos perfumes
que surgen en las aglomeraciones de la vida;
para que no caiga drogada por absorber, atontada, los perfumes y esencias que se estilan.
Bendice, Señor, mi corazón
que late a ritmo loco y descompasado, para que sea templo vivo de tu Espíritu
y sepa dar calor y refugio a todo el que lo necesite;
para que sea rico en perdón y comprensión
y comparta el dolor y la alegría con la ternura.
Bendice, Señor, todo lo que soy y tengo.
Y déjame soñar con tu mano alzada, con tu mano extendida,
con tu mano protectora, con tu mano bienhechora
y dadora de paz y gracia.
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